
Vestido, sandalias y pañuelo de Zara
Chaleco vintage
Cazadora de Mango
Collar DIY
Es curioso. Había empezado a editar y he cerrado porque una vez más, no sé si por las nubes grises o porque se me haya vuelto a caer por la ventana, la inspiración no está por ningún rincón de mi cuartucho. El caso es que después de cerrar el editor he abierto el facebook, he visto 3 o 4 fotos y parece ser que sí, estaba escondida entre los cojines. La inspiración ha venido y me ha dicho que hay que ver lo que la gente cambia.
Me acuerdo del primer día que entré en la universidad. Con mis melena recién cortada y una chaqueta amarilla que llamó la atención por los botones de una de las que hoy son mis mejores amigas. Y todas esas caras desconocidas y recién salidas de la adolescencia que indicaban que en el DNI no había muchos más que pasaran los 18. Y pasaron los días, los exámenes de primero, las fiestas en la cafetería. Los exámenes de segundo, las tardes en el césped y los trabajos en grupo. Y llegó tercero y ya había quien pensaba en irse de erasmus y quien no, en las primeras prácticas y las primeras ilusiones… Y llegaron los cambios de rumbo, las nuevas esperanzas, las nuevas miras y los pasos dejados atrás escritos en agendas de teléfono, post it y apuntes a boli BIC. Y en cuarto ya no se veían las caras de adolescencia de primero, sino a gente que empezaba a decir: esto sí, esto no. Y más exámenes. Mas créditos. Mas momentos. Y ahora llego a quinto, abro el facebook y veo esas caras de gente que aún recuerdo con 18 y como si de una película se tratara, un flash ha recorrido mi cabeza en cuestión de segundos.
En realidad nada se termina. Nunca nos damos cuenta de que “el final” no existe. Y que vivimos subidos a la pescadilla que se muerde la cola. Y ahora que ya nos estamos acercando de nuevo a la boca de la pescadilla y no al final, no tengo la chaqueta amarilla que tanto gustó a mi amiga en primero pero sí los tengo a ellos. A los viejos y nuevos amigos. Me llevo los momentos y los apuntes a boli BIC. Y a cinco años que han marcado un viaje más encima de la pescadilla de siempre.
¿Y ahora qué?
Me gustaría saberlo como cuando compro un billete de tren y te marca el destino. Aunque por otro lado prefiero seguir montada en la pescadilla y que me lleve con los ojos cerrados a donde quiera que esté mi sitio. Con la melena recién cortada, con la misma ilusión que hace cinco años y con un boli BIC, por si acaso.